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I. Agustín: biografía


Aurelio Agustín nació en la ciudad norteafricana de Thagaste, en el año 354. De padre pagano y madre cristiana, Mónica, fue educado en la cristiandad. Durante su juventud renunció a la fe cristiana, aunque años más tarde volvería a abrazarla definitivamente. Recibió sus primeras enseñanzas de gramática y latín clásico en Madaura, en el año 365. Seguidamente, tras un año en Thagaste, se trasladó a Cartago (370) a estudiar retórica, actividad que compaginaría con su afición por los libros. Precisamente, la lectura de Hortensius de Cicerón avivó su interés por las cuestiones filosófico-teológicas, se convirtió al maniqueísmo y creyó hallar en dicha doctrina las explicaciones a los problemas del mal y de las pasiones humanas. En 375, a la edad de 21 años, fundó una escuela de Retórica en Cártago, en la que ejerció la docencia hasta los 29 años. En 383, se dirigió a Roma e inauguró otra escuela de Retórica. Para entonces ya había comenzado a recelar del dualismo maniqueo, una incertidumbre que aumentaría durante su estancia en Roma. En el año 384 se trasladó de Roma a Milán, un traslado que no supuso ningún cambio substancial en lo que respecta a su placentero modo de vida en la Ciudad Santa. En Milán, gracias a sus relaciones con los académicos, entró en contacto con las doctrinas escépticas. No obstante, fueron el obispo de Milán san Ambrosio y la lectura de tos textos de Plotino los que produjeron en Agustín una profunda transformación que dio lugar a su retorno al cristianismo, en el año 386.

Uno de los hechos que dio origen a ese profundo cambio, según cuenta el propio san Agustín, tuvo lugar durante su estancia en Milán. Cierto día se hallaba acompañado por unos amigos en un jardín de la ciudad y escuchó una voz que le decía: «Tolle et lege» (Cógelo y léelo). Agustín, completamente aturdido, corrió en busca de su amigo Alepo, que se hallaba leyendo las Epístolas de san Pablo. Rápidamente le arrebató el libro y fue el siguiente pasaje lo primero que encontró al azar: «No os paséis la vida en fiestas interminables y dados a los placeres de la mesa...; por el contrario, revestios de Jesucristo nuestro Señor y guardaros de los placeres de la carne». Agustín, inspirado por la revelación, abandonó los placeres y retomó sus pasos hacia la fe cristiana. Gracias a los Evangelios y a las Epístolas de san Pablo, Agustín hizo suyas las doctrinas de la religión cristiana y fue bautizado en el año 387. Fue éste un periodo fecundo en lo que respecta a su labor literaria, fruto del cual publicó Contra Académicos, Soliloquía y De Inmortalitate animae.
Volvió a Roma durante un breve periodo de tiempo y a continuación se trasladó de nuevo a Cartago, donde permaneció recluido en un monasterio (De vera religione), entre los años 388 y 391. En el año 391 fue consagrado sacerdote en Hipona, y publicó diversas obras: Contra maniqueos y donatistas, Algunos comentarios respecto al Génesis y a las Epístolas de san Pablo. En 396 fue nombrado obispo de Hipona. Siguió publicando: De la doctrina cristiana, Confesiones, De la Santa Trinidad (De Trinitate). Comentarios acerca del Génesis de la Biblia. A partir de 411: Contra pelagianos, De libero arbitrio, La ciudad de Dios (De civitas Dei).
Murió en el año 430, durante el asedio de los vándalos a la ciudad de Hipona, tras la pérdida de Roma y en pleno ocaso del Imperio Romano.
Entre sus obras más significativas habría que citar Contra Academicos, De genesi ad literam, De civitas Dei, la conocida Confesiones, De vita beata (De la vida feliz), etc.
Para finalizar, cabría añadir, por un lado, el carácter y el espíritu plenamente apasionado de san Agustín y, por otro, el gran influjo del entorno socio-cultural-político de la época en el que puede ser considerado como uno de los más grandes filósofos de la humanidad.





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